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De chingaderas a chingaderas

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✍️ Guadalupe Parada
En política, no todas las chingaderas son iguales. Hay unas que nacen de la incompetencia y otras que se ejecutan con cálculo. Las segundas son las más peligrosas, porque se disfrazan de legalidad mientras vacían de sentido a la justicia y no dejan absolutamente nada en favor de la sociedad.
Eso es, hoy por hoy, el desastre político que representan las artimañas mediáticas del alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar.
Mucho ruido, muchas palabras altisonantes, muchas carcajadas fáciles… y muy pocos resultados de fondo.
El léxico florido que el presidente municipal utiliza con frecuencia pretende construir una imagen de cercanía con “el pueblo”, como si el uso de expresiones arrabaleras fuera sinónimo de empatía social.
No lo es.
Lo vulgar no vuelve popular a una administración, solo evidencia la pobreza del argumento y la falta de resultados.
Gobernar no es hacer stand up político ni buscar aplausos con groserías; es dar cuentas claras, aplicar la ley y resolver problemas reales.
Hoy vemos cómo esa narrativa se convierte en una bola de nieve mediática dirigida, convenientemente, contra el PAN.
El anuncio ruidoso y la simulación de citatorios para el embargo del edificio del partido blanquiazul por un adeudo de predial que tiene años sin resolverse no es un acto de justicia repentina, es un acto de oportunismo político.
¿Por qué ahora? ¿Por qué justo después de que el PAN exhibiera públicamente casos de nepotismo dentro del gobierno municipal?
El impuesto predial se paga por ley, así de simple.
No hay discusión ahí.
Pero la ley no necesita escándalos, ni circo, ni plebiscitos improvisados que solo sirven para alborotar el avispero y desgastar recursos humanos, administrativos y políticos.
La legalidad se aplica con oficio, no con espectáculo.
Lo preocupante no es que se cobre, sino cómo y cuándo se decide hacerlo. Porque si la vara de la ley va a levantarse, debe hacerlo para todos, sin excepciones ni distracciones estratégicas. Y entonces surge la pregunta incómoda; ¿Dónde están los resultados de las múltiples denuncias que enfrenta el propio alcalde por presunto desvío y sobreprecio de recursos públicos?; ¿Qué pasó con el llamado ’Mochilagate’ donde se habló de una cantidad escandalosa de mochilas adquiridas a precios inflados?.
¿Dónde está la transparencia sobre la casa del Campestre y otros señalamientos que siguen sin aclararse?
La justicia no puede ser selectiva ni reactiva.
No puede usarse como garrote político ni como cortina de humo cuando el poder se siente exhibido. La ley, si de verdad se respeta, se aplica parejo, sin importar colores, cargos o coyunturas mediáticas.
Ciudad Juárez no necesita más chingaderas disfrazadas de legalidad. Necesita un gobierno que deje el show, abandone la simulación y entienda que gobernar no es cobrar facturas políticas, sino rendir cuentas.
Ya basta.
Apliquemos la ley y la justicia como debe de ser; sin estridencias, sin venganzas y sin doble discurso.
Porque cuando el poder se burla de la legalidad, el daño no es al adversario político, es a toda la sociedad.

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