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“El Poder Legislativo, la Sombra Cómplice del Ejecutivo”

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COLUMNA DE OPINION

CONGRESO CIUDADANO

✍️ Por Guadalupe Parada

En el reciente proceso electoral, quedó en evidencia una vez más lo que muchos ya sabíamos —y otros tantos prefieren callar—: el poder legislativo, tanto local como municipal, ha dejado de ser un contrapeso real. Hoy, más que una voz crítica o un freno institucional, es una sombra inerme y silenciosa que se arrastra detrás del poder ejecutivo, como si su misión fuera obedecer y no representar.

En Ciudad Juárez, los regidores —esa figura que debería vigilar, cuestionar y denunciar— han brillado por su ausencia, por su indiferencia, por su conveniencia.
La opacidad con la que se manejan sus agendas, el sigilo con el que aprueban presupuestos, contratos y cambios de uso de suelo, y el silencio rotundo ante decisiones polémicas del Ejecutivo municipal, no sólo es alarmante, sino ofensivo para la ciudadanía.

Se han convertido en meros espectadores privilegiados, que cobran sin representar, que comen del erario sin devolverle sustancia democrática.

En Chihuahua, el Congreso local no canta mal las rancheras.

Diputados que llegaron prometiendo justicia, transparencia y autonomía, hoy se alinean sin chistar, aplauden lo que deberían analizar y callan lo que deberían denunciar.

Han convertido la pluralidad en complicidad, la oposición en simulacro, y el mandato popular en un negocio de corto plazo.

En plena jornada electoral, cuando más se requería una voz institucional que garantizara condiciones justas, reglas claras y transparencia, se escondieron en sus curules, cómplices por omisión.

Todo esto ocurre bajo una lógica perversa: la del vacío de poder. No un vacío legal o técnico, sino moral y político.

La ausencia de verdaderos representantes del pueblo ha dejado al Ejecutivo gobernar sin oposición, sin cuestionamientos, sin escrutinio.

Es un poder solitario, fortalecido por la debilidad de quienes debieran enfrentarlo, convertido en amo y señor del presupuesto, de los medios, y del discurso público.

El sistema legislativo no está en crisis: está en decadencia.

Y esa decadencia es funcional al poder que finge combatir. Mientras no se renueve la cultura política, mientras sigamos premiando a los sumisos y castigando a los críticos, el Legislativo seguirá siendo lo que es hoy: una sombra inherente, casi imperceptible, que habita en el margen del poder, en silencio, en la comodidad de la complicidad.

Y mientras tanto, el ciudadano, ese que vota esperando cambio, sigue siendo el gran ausente… o el gran traicionado.

— Fin.

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