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«Inversiones Pegasus» y Peña Nieto.

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Por: Daniel Valles.

Como si México necesitara otro escándalo que nos recuerde lo que ya sabíamos, ahora sale a la luz que Enrique Peña Nieto habría recibido 25 millones de dólares en sobornos de dos empresarios israelíes. Lo interesante no es que lo acuse la oposición, ni que lo denuncie algún fiscal mexicano. No. Lo interesante es que lo acusan sus propios socios, desde Israel, en un pleito legal por repartirse la tajada del botín.
 

Avishai Neriah y Uri Ansbacher, dos empresarios vinculados a la empresa BSD Security Systems y representantes de intereses de NSO Group —la famosa desarrolladora de Pegasus, software espía que violó celulares de periodistas, activistas y políticos— están enfrentados en un arbitraje en Israel. Allí, se dijeron de todo… incluido que «invirtieron en conjunto» en Peña Nieto con 25 millones de dólares para obtener contratos en su sexenio. 

Enrique Peña Nieto

Y no se trata de dichos al aire. El expediente del arbitraje, en idioma hebreo y traducido por el medio The Marker, revela que llamaban a Peña Nieto “el N”, “el mandado de N” o “el N electo”, todo con fechas que coinciden con su mandato. El dinero no fue para obras piadosas o de beneficio para la comunidad o el país, sino para asegurar contratos de espionaje, equipo militar y drones con dependencias mexicanas como la PGR (hoy FGR), Sedena y el antiguo Cisen (hoy CNI).
 

Y sí, aunque parezca sarcasmo, algunos contratos continuaron con la 4T, como el uso de Pegasus por parte de Sedena. Porque, como diría el clásico, “no es lo mismo estar en la jaula que ser el domador”.
 

Ahora, Peña Nieto rompe el silencio —algo que raramente hace— para decir que todo es «totalmente falso», «una insinuación carente de sustento», y que él solo tuitea cuando se muere alguien conocido o lo acusan de narcolavado. 

La negación es su arte. Pero nadie ha explicado por qué empresarios extranjeros estarían dispuestos a confesar algo que podría meterlos en líos legales… si fuera mentira.

Mientras tanto, uno de los involucrados, Uri Ansbacher, ya prepara su “regreso” a México, buscando acercarse al nuevo gobierno de Claudia Sheinbaum. ¿Para qué? ¿Otra inversión? ¿Más contratos? ¿Una segunda vuelta con Pegasus 2.0?

México sigue atrapado en la telaraña de sus propios demonios. Pegasus no solo sirvió para espiar, también para dejar claro que aquí se gobierna al amparo del dinero, el sigilo y la impunidad. Unos espían, otros callan, y el resto finge sorpresa. Así somos y así es, El Meollo del Asunto

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