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Julio de la Cruz: sinónimo de incompetencia que combina con la voracidad

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Julio de la Cruz: sinónimo de incompetencia que combina con la voracidad

✍️ Guadalupe Parada


La paciencia se agotó. Los regidores de la Comisión de Asentamientos Humanos no soportaron más la simulación de Julio de la Cruz, director de la dependencia, quien ha hecho de la evasión y la ineficacia su carta de presentación.
En plena sesión, los ediles pusieron el dedo en la llaga; el funcionario ni asiste, ni resuelve, ni da la cara.
Su ausencia no solo es física, también es moral y política.
El reclamo fue contundente: “Que se ponga a trabajar, porque no resuelve nada”. Palabras que retratan con crudeza lo que hoy viven miles de familias en Juárez; abandono, desesperanza y una dependencia que opera en piloto automático.
No estamos hablando de un capricho burocrático.
El derecho a la tierra y a la vivienda digna es una urgencia social.
En esta frontera hay familias que lo han perdido todo con las lluvias, que llevan años en espera de un pedazo de terreno para levantar un hogar.
Pero mientras tanto, el director de Asentamientos Humanos prefiere ausentarse de las mesas de trabajo y mandar emisarios que no pueden —ni deben— responder por él.
La presidenta de la comisión, María Dolores Adame, lo dijo con claridad; “No es un favor, es un deber”. Y tiene razón. Un funcionario que se rehúsa sistemáticamente a rendir cuentas traiciona la confianza ciudadana y degrada la institucionalidad.
Peor aún; la percepción de los propios regidores y de activistas como Luis Barrios apunta a algo más grave que la ineptitud.
La voracidad de Julio de la Cruz por usufructuar con los terrenos.
Un director más interesado en la especulación y el acomodo político que en cumplir con la misión elemental de su cargo; garantizar certeza a los juarenses que claman por un lugar donde vivir.
La sesión fue un punto de quiebre.
Ya no se trata de advertencias tibias ni de llamados diplomáticos.
Los regidores dejaron claro que la dirección de Asentamientos Humanos se ha convertido en un insulto para los ciudadanos.
Y lo es. Porque no ha resuelto ni un solo caso, porque se esconde de las comisiones, porque ni siquiera se digna a escuchar a quienes lo señalan.
El contraste es evidente: mientras Julio de la Cruz acumula ausencias, María Dolores Adame anunció que ella sí dará la cara, acudiendo a la reunión con los ciudadanos el próximo fin de semana.
Esa es la diferencia entre la empatía política y la indolencia burocrática.
Juárez no puede seguir pagando el precio de un director omiso y de una dependencia sin rumbo. Las familias no necesitan excusas, necesitan soluciones.
Y si Julio de la Cruz no puede, no quiere o no le interesa trabajar, lo mínimo que debería hacer es hacerse a un lado.
Porque cuando la incompetencia se combina con la voracidad, lo que se pone en juego no es solo el prestigio de un funcionario, sino el derecho de miles de juarenses a un pedazo de tierra que, hasta hoy, sigue siendo una promesa incumplida.

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