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«Tragedia en vitrina»

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CONGRESO CIUDADANO

«Tragedia en vitrina»

✍️ Guadalupe Parada
Dicen que las tragedias sacan lo mejor de la gente. En Ciudad Juárez, también sacaron lo peor de algunos.
Las lluvias que azotaron el norponiente de la ciudad no preguntaron nombres, ideologías ni creencias. Llegaron sin aviso, empapando la esperanza y llevándose los sueños de cientos de familias.
Lo poco que tenían —una cama, unos útiles escolares, una estufa— desapareció bajo el agua lodosa que arrastró años de esfuerzo.
El patrimonio de toda una vida reducido a escombros y silencio.
En medio del desastre, se alzó una señal inequívoca de alarma… no sólo por la emergencia, sino por la escenografía que comenzó a montarse con velocidad quirúrgica: la pasarela del oportunismo.
Como si la tragedia fuera campaña, comenzaron a desfilar figuras políticas con sus respectivos equipos, cargando despensas como si fueran votos y sonriendo frente a los celulares como si el agua les hubiera hecho el favor de darles escenario. Llegaron a las colonias afectadas con cámaras por delante, celulares en mano, chalecos del partido bien visibles, y un séquito que parecía más interesado en el encuadre que en la urgencia.
Las redes sociales se llenaron de ellos. Publicaciones que relatan con tono heroico cómo “acudieron al llamado”, cómo “están con el pueblo”, cómo “no los dejarán solos”.
Pero la realidad detrás del lente es otra; ayudas que no alcanzan, apoyos condicionados, promesas que ya antes se habían mojado y vuelto a secar sin cumplirse.
Hay quienes no pierden oportunidad para disfrazar la desgracia con marketing electoral.
Como si la devastación fuera una alfombra para pasearse y recordarles a los votantes quién “sí da la cara”… aunque sólo sea cuando hay cámaras.
La ayuda que debería ser desinteresada se convierte en moneda de cambio; el lodo se convierte en escenografía, y el dolor ajeno, en combustible para un post viral.
Qué conveniente es la desgracia cuando se está se esta disputando una elección adelantada.
Mientras tanto, las familias damnificadas intentan rescatar lo poco que quedó.
Colchones mojados, ropa entre el fango, fotografías familiares que ya no se pueden distinguir. Ellos no tienen tiempo de grabarse. Están ocupados sobreviviendo.
Y uno se pregunta: ¿dónde estaban antes? ¿Dónde estaban cuando se podía prevenir, cuando se podía invertir en infraestructura, en drenaje, en protección civil?
Muchos de los que hoy se muestran “indignados” han ocupado cargos. ¿Por qué no hicieron nada cuando tuvieron la oportunidad de evitar esta crisis?
El oportunismo no conoce vergüenza, y la tragedia, lamentablemente, se convierte en plataforma.
Por eso, esta columna no busca señalar sólo a los de un color.
No hay color que se salve del lodo cuando la intención no es ayudar, sino aparentar.
Porque la solidaridad no presume. No se graba, no se publica.
Llega callada, trabaja sin reflectores, y se queda cuando los demás ya se fueron.
La tragedia que vivimos en Ciudad Juárez es profunda, real y dolorosa. No merece ser usada como escaparate para el ego político.
Es momento de que los ciudadanos exijan menos espectáculo y más soluciones.
Porque la lluvia puede llevarse muchas cosas… pero no debe llevarse la dignidad de quienes perdieron todo, ni la memoria de lo que vimos.
Y esa memoria, aunque empapada, no se olvida.

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