Xi Jinping es recibido con honores extraordinarios por Trump en Washington, en una visita que busca mantener el diálogo pese a las tensiones entre ambas potencias.
miércoles 23 de septiembre de 2026
Xi Jinping es recibido con honores extraordinarios por Trump en Washington, en una visita que busca mantener el diálogo pese a las tensiones entre ambas potencias. (BRENDAN SMIALOWSKI/AFP)
Expansión Digital
El presidente de China, Xi Jinping , llegó este miércoles a Washington para una visita de Estado de tres días que combina una recepción poco habitual, ceremonias militares y una agenda cargada de asuntos que mantienen enfrentadas a las dos mayores potencias.
El propio presidente estadounidense, Donald Trump , acudió a la base Andrews, en las afueras de la capital, para recibir a Xi al pie del avión, un gesto excepcional en las visitas de mandatarios extranjeros. Cuando Trump viajó a Pekín en mayo, fue recibido por el vicepresidente chino.
La visita de Xi es la primera de un líder chino a Washington en más de diez años y tendrá un despliegue protocolario de alto nivel, con espectáculo aéreo militar, saludo con 21 cañonazos y una cena de Estado en la Casa Blanca.
Pero detrás del barco hay una relación marcada por diferencias sobre inteligencia artificial, comercio e Irán , mientras ambos gobiernos buscan mantener abierto el diálogo sin que eso implica necesariamente grandes acuerdos.
Una bienvenida fuera de lo común.
Trump decidió recibir personalmente a Xi en la pista de la base Andrews, algo que los presidentes estadounidenses rara vez hacen con líderes extranjeros.
El mandatario chino será agasajado además con una ceremonia de Estado que incluirá un espectáculo aéreo militar y el tradicional saludo de 21 cañonazos.
La recepción contrasta con el trato que Trump recibió durante su visita a Pekín en mayo, cuando fue recibido por el vicepresidente de China.
El despliegue convierte la llegada de Xi en uno de los principales acontecimientos diplomáticos de la administración Trump y busca mostrar la importancia que Washington concede a la relación con Pekín.
Una cena con la élite de Estados Unidos
El jueves será el día central de la visita, con una ceremonia oficial y un banquete en la Casa Blanca por la noche.
La cena está prevista para reunir a integrantes de la élite empresarial y política estadounidense, en un momento en que las relaciones entre Washington y Pekín tienen consecuencias directas para empresas, comercio y tecnología.
La visita terminará el viernes por la mañana. Antes de abandonar Washington, ambas parejas presidenciales compartirán un té y Xi visitará los Archivos Nacionales, donde se encuentra la Declaración de Independencia de Estados Unidos.
La inteligencia artificial es uno de los puntos más difíciles.
Cuando Trump y Xi se sienten a negociar, uno de los asuntos centrales será la inteligencia artificial.
Estados Unidos y China compiten por la supremacía en una tecnología que avanza rápidamente, pero precisamente esa competencia hace difícil que ambos gobiernos alcancen un acuerdo para regularla.
Las conversaciones preliminares del domingo entre el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y su homólogo chino, He Lifeng, incluyeron la posibilidad de crear un canal de comunicación para atender preocupaciones relacionadas con la IA.
El objetivo inicial parece estar más relacionado con mantener abierta la comunicación que con establecer reglas amplias para limitar el desarrollo de esta tecnología.

La recepción de Xi Jinping en la base Andrews incluyó la presencia de Donald Trump, un gesto poco habitual hacia un mandatario extranjero. (BRENDAN SMIALOWSKI/AFP)
La tregua comercial se extenderá hasta enero
El comercio será otro de los grandes temas de la reunión.
Bessent anunció que la tregua comercial entre Estados Unidos y China se extenderá hasta enero. La pausa fue decretada por Trump con el objetivo de permitir que las conversaciones entre las dos potencias avancen.
Sin embargo, las expectativas de alcanzar resultados concretos durante la visita son limitadas.
Jonathan Czin, del Instituto Brookings, dijo a la AFP que la distancia entre las posiciones negociadoras es demasiado grande para esperar grandes resultados del encuentro.
Los analistas también señalan que China ha comenzado a mirar más allá de Trump, cuyo segundo mandato termina a principios de 2029, y que Pekín estaría utilizando la tregua para ganar tiempo y consolidar su posición.
Irán complica todavía más el encuentro
La relación de China con Irán añade otro punto de tensión a la visita.
La fastuosa bienvenida preparada para Xi criticó críticas entre los sectores republicanos más duros frente a Pekín, especialmente después de informes según los cuales China proporcionó a Irán información de inteligencia que habría sido utilizada para ataques contra tropas estadounidenses.
El senador republicano Roger Wicker, presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, cuestionó el trato que Trump le está dando al mandatario chino.
«Nuestro comandante en jefe debe tener presente que su invitado es un dictador brutal, no elegido y opresivo», declaró Wicker.
Desde el gobierno estadounidense, el secretario de Estado, Marco Rubio, defendió el encuentro y señaló que los líderes de las dos principales potencias armamentísticas deben mantener la comunicación.
Taylor Rogers, subsecretario de Prensa de la Casa Blanca, también defendió la decisión de Trump y afirmó que el presidente está actuando de acuerdo con lo que considera mejor para los intereses nacionales de Estados Unidos.
Trump también enfrenta presión interna
La visita llega mientras Trump enfrenta problemas políticos internos relacionados con los efectos de la guerra con Irán sobre los precios del combustible.
El escenario ha golpeado su índice de aprobación, que se encuentra en mínimos históricos antes de las elecciones legislativas de noviembre.
En ese contexto, la visita de Xi ofrece al presidente estadounidense una oportunidad para colocar el foco en la diplomacia y en una relación internacional de enorme relevancia para Estados Unidos.
Los presidentes estadounidenses rara vez reciben personalmente a líderes extranjeros en el aeropuerto. Trump ya había realizado un gesto similar cuando recibió en la pista al presidente ruso Vladimir Putin durante su visita a Alaska el año pasado.
Las recepciones de este tipo en Andrews son excepcionales. Entre los antecedentes mencionados están la bienvenida de John F. Kennedy al primer ministro británico Harold Macmillan en 1962 y la de Dwight D. Eisenhower al líder soviético Nikita Jrushchov en 1959.
Así, mientras Washington prepara una recepción de alto nivel para Xi, las conversaciones entre ambos mandatarios estarán marcadas por una realidad mucho más compleja: una tregua comercial que debe prolongarse, una carrera tecnológica cada vez más intensa y diferencias geopolíticas que dificultan que el barco diplomático se traduzca en acuerdos de fondo


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