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Violencia política… ¿o censura disfrazada?

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30 de junio de 2025|Autoridades, Caos, Censura, Política, violencia política de género

Por Daniel Valles.

En México, se está poniendo de moda acusar a periodistas, columnistas, opinadores y hasta tuiteros de “violencia política de género”. Una figura legal que nació para proteger a las mujeres en la arena pública… pero que hoy corre el riesgo de volverse una mordaza con tacones.
 

Desde 2020, la ley reconoce como violencia política de género cualquier acción u omisión que “limite, anule o menoscabe” los derechos políticos de una mujer, por razones de género. Hasta ahí, bien. Nadie quiere ver a una mujer agredida por ser mujer. Nadie defiende el machismo político.
 

El meollo de este asunto está en la ambigüedad del lenguaje, esa herramienta perfecta para los oportunistas.
La ley habla, por ejemplo, de “agresiones verbales o simbólicas por razones de género”. ¿Y eso qué significa exactamente? ¿Un meme que no gusta? ¿Una crítica dura a una política ineficiente? ¿Un apodo en una caricatura?
 

También se señala como violencia política de género “burlarse de su aspecto o vida privada con fines de anulación política”. ¿Quién define si fue burla o crítica? ¿Quién mide el “fin” o propósito del comentario? ¿Quién puede medir quello que es relativo?

Con ese criterio, podríamos empezar a llenar cárceles con los redactores de redes sociales. O con los guionistas de El Privilegio de Mandar. O con los caricaturistas que desde hace décadas dibujan a políticos hombres como burros, cerdos, momias o camaleones. Pero si lo hacen con una mujer, ya no es sátira: es misoginia.
 

Casos reales:
– El caricaturista “Monero Rapé” fue señalado por un dibujo de la diputada Andrea Chávez, donde aparecía en un tren con la leyenda «conectada al poder». ¿Crítica política o violencia de género? Lo mandaron a tribunales.
– En Sonora, una periodista fue denunciada por usar la palabra “títere” contra una alcaldesa. Lo que siempre se ha dicho de funcionarios sumisos… ahora es “violencia simbólica de género”.
– En Veracruz, un reportero fue sancionado por escribir que una regidora “no tenía carácter para el cargo”. Nada ofensivo, nada vulgar. Pero eso fue considerado misoginia política.
 

¿Entonces ya no se puede criticar a una mujer si es funcionaria? ¿Hay que hablarle bonito porque si no, se ofende el sistema?
 

La ley no puede convertirse en trinchera de impunidad para quien no tolera la crítica.
Una funcionaria pública —como un funcionario hombre— está obligada a rendir cuentas. Y parte de esa rendición es aguantar la crítica, el cartón editorial y, a veces, hasta la burla pública.
 

Porque si no vamos a permitir burlas… entonces expliquen por qué las canciones de Paquita la del Barrio, que llaman a los hombres “ratas de dos patas”, “cínicos”, “inútiles”, “ponzoñosos” y “animales rastreros” no han sido jamás objeto de ninguna denuncia por violencia de género.
 

¿Acaso las palabras son ofensivas sólo cuando las dice un hombre?
¿O es que aquí el género ofendido no importa si no tiene tacones?
 

Ahí está el doble rasero.
Ahí está el abuso de la ley.
Y ahí está El Meollo del Asunto.

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